Ángela Uceda Díaz. El Trabajo como bandera de una octogenaria en su Museo de Arte Naïf

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(Ángela Uceda Díaz junto a un tuno y sus instrumentos)

 

Por José Luis Pantoja Vallejo – Cronista Oficial de la Villa de Lopera.

Abre sus puertas el Museo de arte naïf de Lopera. Tras 13 años de intenso y duro trabajo, la loperana Ángela Uceda Díaz de 87 años ha visto cumplido su sueño al poder finalizar y organizar en estanterías la multitud de piezas que alberga el museo que ha instalado en la buhardilla de su domicilio sito en la plaza de la Constitución de Lopera. Ángela Uceda es una mujer de formación autodidacta, que le encanta crear formas y modelos a su antojo y que ante todo no considera las piezas de su museo como arte, sino como ella misma dice “es el trabajo que a diario vengo haciendo en los últimos años”. Hace poco más de una década y tras superar una operación de la pierna izquierda, se marcó como reto el montar un museo con todos los objetos que a diario ha ido confeccionado con unas manos prodigiosas y una imaginación maravillosa. Su obra que ahora pueden ver todos los loperanos se compone de la friolera de más de 500 cuadros al óleo de estilo naïf, del cual no

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SIEMPRE TERMINAMOS RECURRIENDO A LA MORENITA

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(Dolores Ruiz Lara y un sobrino)

 

Por José Luis Pantoja Vallejo – Cronista Oficial de la Villa de Lopera.

El siguiente relato esta basado en una hecho real que aconteció en Lopera a lo largo del pasado siglo XX. Los hechos habría que remontarlos en los albores de los años 20, cuando la loperana, Josefa Lara Lara como otras muchas devotas a la Virgen de la Cabeza, se echó la promesa de ir andando hasta el Cerro del Cabezo para ver a la Reina de Sierra Morena, si a cambio su hijo Bartolomé Ruiz Lara le iba bien en las américas, pues el joven loperano había decidido cruzar el atlántico rumbo a Sao Paulo (Brasil), como otros tantos españoles en busca de un futuro mejor. Las buenas noticias del Brasil no se hicieron esperar y Josefa en la romería del año siguiente cumplió su promesa. El camino a pie hasta el Cerro del Cabezo lo hizo con la Cofradía de Lopera y se llevó de compañía a una de sus hijas, Dolores Ruiz Lara, la cual estaba soltera y era modista de profesión. A lo largo del camino no faltó la vieja costumbre de “dar vaya” o mofarse al cruzarse con los peregrinos de otros pueblos

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