Un desagradable suceso que ocurrió en Lopera en el año 1913.

Desde hace tiempo, tengo constancia gracias a los testimonios orales  y a la ayuda de algunos loperanos de un suceso que llegó a conmocionar a los vecinos de Lopera y que aconteció en nuestro pueblo el 12 de octubre de 1913. Aunque faltaban algunos datos sobre el mismo, no he cesado hasta poder recomponerlo y ahora lo damos a conocer, sin ánimo de que nadie se moleste, sino para dejar constancia de un terrible suceso que debió de evitarse, pero en estos años y durante muchos más los jornaleros de Lopera, llegaron incluso a dar su vida por atender las órdenes de su señorito.

Ciñéndonos al suceso, en una de sus múltiples cacerías por Sierra Morena, Bartolomé Valenzuela Rueda (Senador por la provincia de Jaén en 1921 y Alcalde de Lopera entre 1909-1913)  y dueño de la inmensa mayoría de las tierras (olivar, vid y tierras calmas) no sólo de Lopera, sino de otros muchos términos de la provincia de Córdoba, sin olvidarnos de las famosas Bodegas Valenzuela, que fueron todo un referente comercial en el mundo de los vinos durante más de 40 años en nuestro pueblo, en la provincia y en Andalucía) apresó una cría de ciervo, de la cual se llegó a encaprichar hasta tal punto de encargar a su amo de llaves y hombre de máxima confianza, Antonio Alcalá Valenzuela “Patiche” que lo cuidara en su corralón que poseía en lo que se llamó Molino Messias (cochera que hay junto a Muebles Huertas).

El tiempo pasó y el cervatillo creció y creció, convirtiéndose en un animal adulto. Antonio  Alcalá era el único trabajador que todos los días daba de comer al venado, lo que era un tanto reprochado por su hijo Antonio Alcalá Alcalá, el cual  le decía todos los días “papá ten cuidado que tienes que ser víctima del venado”, a lo que el padre le contestaba “no te preocupes, a mi me conoce muy bien, ya que yo lo he criado desde que era pequeño”. En plena época de berrea y estando el animal en celo, el bueno de Antonio se acercó al venado para darle de comer como todos los días y notó que el animal estaba un tanto nervioso. Ante ello tomó ciertas precauciones y se acercó lentamente al animal, éste se le abalanzó con la cornamenta y Antonio lo esquivó  refugiándose como pudo debajo del pesebre. Advirtiendo lo que se le venía encima, Antonio gritó y pidió auxilio. Inmediatamente intentaron socorrerle sin fortuna, un matrimonio que pasaba por el lugar de los hechos, sin que pudieran hacer nada por detener al animal. Más tarde un hombre también acudió al lugar y con una azada le rompió las patas al venado, el cual cayó al suelo. No obstante, ya era demasiado tarde pues el animal no cesó de embestir contra el pesebre con la cornamenta y las manos hasta que ocurrió lo peor…el venado descuartizó a su cuidador, quien fue recogido en una manta ya difunto y para poderle sujetar sus articulaciones se tuvo que utilizar unos vendajes. Esta escena tan dantesca, marco para siempre al matrimonio que intentó socorrerlo. Como pudieron se lo llevaron hasta su domicilio sito en la Calle Sabariego, nº 4, donde se confirmó la defunción de Antonio Alcalá Valenzuela a los 70 años por los médicos Ángel Corazón García y Vicente Rey González, los cuales certificaron que al muerte se había producido por “fractura del cráneo y congestión cerebral producida por las continúas contusiones recibidas por el venado”.

Al tener noticias del macabro suceso, Bartolomé Valenzuela Rueda, mandó sacrificar al venado y quiso remediar, la pérdida irreparable  de la muerte de su amo de llaves, ofreciendo a la familia Alcalá una finca o el dinero equivalente. Esta proposición del señorito fue tomada por la familia como una ofensa, pues el hijo del difunto Antonio Alcalá le dijo: “no tienes bastante, que el pobre de mi padre entregó su vida a un capricho tuyo, sino que ahora pretendes comprarnos con unos dineros amargos, que no nos van a devolver a nuestro ser más querido, quédese pues con sus dineros, que nosotros siempre velaremos el recuerdo de una pérdida irreparable”.

Aquí finaliza una desagradable historia que marcó para siempre a una familia loperana en un desafortunado día de la Virgen del Pilar en Lopera.

 

José Luis Pantoja Vallejo

Dr. en Historia y Cronista Oficial de la Villa de Lopera