Amas de Casa de Lopera recuperan la repostería tradicional.

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Por José Luis Pantoja Vallejo – Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Un nutrido grupo de mujeres loperanas compuesto por Ana Valenzuela, Pilar Calixto, Jacinta Santiago, Gloria Tortajada, Ana Chueco, se han empeñado junto al Cronista Oficial de la villa que la repostería tradicional no desaparezca en Lopera, para ello se han unido y han elaborado en el antiguo horno de Alonso Santiago con las antigua recetas los típicos besillos, alargaditos, pestiños, piononos, roscos de cuaresma, galletas de caña, redonditos de batata etc. utilizando como base en muchos de ellos el aceite de oliva virgen extra y el vino loperano. De esta manera intentan trasmitir sus conocimientos culinarios a las nuevas generaciones a través de una futura publicación sobre la gastronomía loperana.

 

Del tricornio a las leznas.

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Por José Luis Pantoja Vallejo – Cronista Oficial de la Villa de Lopera

La vida de un ex guardia civil reconvertido en zapatero remendón. Agustín Rosal Alcalá es un loperano de 72 años, que ejerció como Guardia Segundo en el cuerpo de la Benemérita durante 18 años en los destinos de Palamós (Gerona), y en provincia de Jaén en Pontones y Porcuna. Al jubilarse como Guardia Civil, trasladó su residencia a Lopera. Viendo que con la exigua paga que le había quedado no llegaba a final de mes, decidió montar un pequeño taller de zapatería de no más de 4 metros cuadrados, ubicado en la parte trasera de su casa. Agustín Rosal proviene de una familia de zapateros de Porcuna, ya que su padre Juan José Rosal Rodríguez era aficionado y un tío suyo era zapatero. Siendo Guardia Segundo perfeccionó el oficio de zapatero en Palamós y en Porcuna en el taller de la calle La Monja que regentaba “Josillo” el zapatero. Estos conocimientos le vinieron como anillo al dedo para poder ejercer el oficio a su vejez. Con las chapuzas que ha ido haciendo en los últimos años ha encontrado en este viejo oficio un estímulo que le ayuda a pasar el día y de paso ganarse unos euros con

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La vieja tradición de colgar en vigas los melones para el invierno

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Por José Luis Pantoja Vallejo – Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Hay tradiciones que se resisten a desparecer, es el caso de colgar los melones en las vigas de las cámaras de las casas para consumirlos en el invierno. En Lopera, Juan Ramírez Torres a sus 85 años sigue manteniendo viva la tradición y ha colgado con cuerdas en las vigas de su vieja casa un buen número de melones cultivados por el mismo de los llamados melones negros o de invierno (alagartados, de chicha verde, amarillos, blancos, piñoneros y de piel de sapo). Aquí dice que se conservan mejor y ocupan menos espacio. El consumo de estos melones se hace por navidad y sobre todo como postre en la recogida de la aceituna, después de haber dado cuenta de un buen cachurro (pan, aceite de oliva y bacalao). Esta tradición está en vías de extinción, pues la clave de su continuidad está en las nuevas generaciones y en las semillas (heredadas de padres a hijos) que se utilizan para cultivar los melones y aunque se lamenta este octogenario de que hoy los jóvenes no están por la labor de cultivar melones.

 

Las matanzas familiares en vías de extinción.

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Por José Luis Pantoja Vallejo – Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Por el otoño vuelven las tradicionales matanzas loperanas. En estos días se están llevando a cabo las típicas matanzas familiares en algunos domicilios de Lopera. Atrás quedó el engorde del cerdo durante meses en las cochiqueras. La familia Gil Lara es de las últimas que mantienen viva esta rancia tradición de la matanza. Un año más, Juan Huertas Simón “El Perruno”, el cual lleva más de 1.000 cerdos matados durante su dilatada vida como matarife y sus hijos Juan y Francisco, cumplieron con el ritual y a la antigua usanza mataron con la ayuda de varios vecinos dos cerdos, uno de 180 kilos y otro que sobrepasó los 230 kilos. Son escenas como el arrastre del cerdo y montarlo sobre la mesa, el atarle las patas y manos, sacrificarlo, mover la sangre, pelarlo, abrirlo en canal, descuartizarlo, hacer los chorizos y morcillas, que forman parte de la historia de muchas generaciones de loperanos, que en estos días están en vías de extinción, pues cada día hay más impedimentos por parte de sanidad para conceder el llevar a cabo estas matanzas en los domicilios particulares. Quizás sean los

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El boceto de la escultura “Los emigrantes” colofón de las Jornadas de Historia.

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Por José Luis Pantoja Vallejo – Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Una escultura como homenaje a todos los emigrantes loperanos. La presentación del boceto en barro de la escultura “Los emigrantes” obra del escultor loperano Pedro Monje sirvió de colofón a cuatro días dedicados a profundizar en la emigración loperana en la segunda mitad del siglo XX, en el marco de las XVIII Jornadas de Historia, Cultura y Sociedad. Previamente a la presentación de la escultura, el emigrante loperano Fermín Chueco Artero hizo un recorrido sobre la emigración de loperanos a Cataluña, salpicado con múltiples anécdotas, fotografías y con un gran sentimiento habló de las muchas familias que un día tuvieron que emigrar en busca de un futuro mejor. También hizo un recorrido por la evolución de una ciudad como Santa Coloma de Gramanet, que fue uno de los principales destinos de los loperanos. A continuación el escultor loperano afincado en Valladolid hizo una semblanza de su vida cargada de recuerdos emotivos y como él también tuvo un día que emigrar en primer lugar a Barcelona y después a Valladolid donde actualmente tiene su estudio

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