El viejo oficio del lañador. Este oficio era el de un artesano ambulante, que tuvo su apogeo desde los años 40 a los 60 del siglo XX, que llevaba sus herramientas en una caja colgada al hombro y en el cualquier portal de una casa improvisaba su taller, la clientela acudía a su encuentro mientras iba pregonando su oficio por las calles de Lopera: El lañador, se arreglan lebrillos, se arregla de to. El lañador, cuanto más roto, mejor. La laña es como una grapa, de hierro o cobre que se utiliza para unir las partes rotas de algún cacharro de cerámica (barro) o loza fina (porcelana). Se hacía un taladro en cada parte de la fisura y se introducía la grapa que una vez tensada volvía a componer y permitir su uso de la palangana de porcelana o del lebrillo de barro. Los agujeros se hacían con una broca fina y un berbiquí (taladro de mano) y se rellenaba con una especie de cemento rápido, que fabricaba en el momento, e iba introduciendo con una varilla, el cemento una vez fraguado soldaba la laña al barro impidiendo la salida del agua. En aquellos años resultaba más barato lañar el lebrillo que comprar uno nuevo. También el lañador solía arreglar los paraguas, enderezando las varillas o colocándole alguna nueva, por entonces prácticamente todos los paraguas estaban hechos a mano. La aparición de los plásticos y el desarrollo económico dio al traste con esta profesión de la que muchos loperanos no habrán podido conocer ni su nombre. Hoy en cronistadelopera publicamos a nuestro paisano y gran colaborador Juan Galán Platero lañando un lebrillo matancero, que en vez de tirarlo que hubiese sido lo más fácil, lo ha recuperado al ser un recuerdo familiar.