El último testigo del Cortijo de Escobar: su esbelta chimenea que aún emerge entre un mar de olivos. Es un magnífico exponente de la cultura del olivar que habría que mimar para que se conservara, pues el paso inexorable del tiempo, la inclemencias meteorológicas y el poco cuidado de la misma, está propiciando su deterioro a marchas forzadas. Creo que aún estamos a tiempo de salvarla y que forme parte junto a otras chimeneas (Saetal, Morrón, Fábrica Cabera, La Loperana) de una Ruta Turística dentro del inventario del patrimonio histórico, etnográfico, paisajístico y cultural de Lopera.