La Semana Santa Loperana. Algunas Tradiciones Olvidadas.


Matraca de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno de Lopera

  1. El Gasto: Este se basaba en que el Hermano Mayor de las Cofradías, fundamentalmente las de Ntro. Padre Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores, invitaban a los hermanos antes y después de cada procesión a garbanzos tostados, uvas pasas (de aquí que no tenga nada extraño que los bolsillos de las túnicas antiguas de fuesen grandes, para así poderlos atiborrar de garbanzos y uvas pasas para ir degustándolos a lo largo del recorrido procesional) y copa de vino. Cuando la procesión era por la mañana también se solía invitar a una copa de aguardiente y a los típicos besillos.
  2. Subasta de horquillas e incensarios: En la misma participaban los hermanos de las cofradías o hermandades (Virgen de los Dolores y Ntro. Padre Jesús Nazareno) Tras una subasta pública eran entregadas las cuatro horquillas e incensarios a los mejores postores en dinero. Unos para llevar las andas y otros para ir perfumando las imágenes con el incienso. Todo lo recaudado en la subasta era destinado para cada una de las cofradías.
  3. La Cera: Antiguamente toda la cera que se gastaba en las fiestas (Corpus, Inmaculada; San Roque,) era costeada por el Cabildo, como ha quedado reflejado en varias cuentas de los Libros de Propios de los años 1741 a 1826. A lo largo del siglo XX, sabemos que las velas para ir alumbrado los pasos de penitencia, se retiraban el Jueves Santo por la tarde en la casa del Hermano Mayor y el Domingo de Resurrección se entregaba la vela sobrante. Como previamente se había pesado la vela, se conocía el gasto de cera de cada hermano, pues cuando la devolvían se pesaba de nuevo. Así según el peso de la vela sobrante se averiguaba el dinero que cada cofrade tenía que pagar. Algunos cofrades guardaban celosamente el moco (chorreón de cera) para que cuando se volviera a pesar la vela sobrante, al tener más peso, así se ahorraba algún dinero.
  1. Cambios de Hermano Mayor: Prácticamente desaparecida (sólo lo hace la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno en el Paseillo). Este se realizaba en la última procesión del Viernes Santo (Santo Entierro). El cambio se producía al pasar la procesión por la Verja, donde antiguamente había una baranda de hierro y consistía en la entrega por parte de Hermano Mayor saliente del Estandarte al nuevo Hermano Mayor, el cual lo llevaba ya hasta la Ermita de Jesús, punto final de la procesión y de la Semana Santa Loperana.
  2. Las Procesiones e Indumentarias de los Cofrades: Antiguamente había la costumbre de que todos los pasos procesionales al ser portados sus tronos a hombros de los cofrades y ser de menores dimensiones, tenían que pasar por dentro de la iglesia parroquial. Así entraban por la puerta de la calle Bernabé Cobo, conocida como la Veneranta, a continuación cruzaban los pasos por la mitad de las naves y salían del templo por la puerta de la calle Castillo, conocida como la Infanta. En cuanto a las indumentarias o túnicas, hay que indicar que con anterioridad a la contienda civil, el caperuz no tenía cucurucho de cartón (era una pañoleta y las caras de los cofrades iban al descubierto, a excepción del Viernes Santo en la procesión del santo entierro que los cofrades cubrían sus caras con el caperuz y se cogían unos a otros por las colas de las túnicas en riguroso luto y silencio.
  3. La Vía Sacra y la Matraca. Bien entrada la madrugada del Viernes Santo se organizaba en Lopera La Vía Sacra, en la que el sacerdote encargado iba desgranando  uno a uno los Misterios Dolorosos del Santo Rosario acompañados de una matraca (la foto  que publicamos arriba  es de La Matraca de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno de Lopera) que era un cajón de madera rectangular, con 4 anillas colocadas de forma vertical en el exterior de sus caras, en cuya parte superior tiene un mango que atraviesa de lado a lado  y que al ser movida  producía un ruido espantoso  en el silencio de la noche, también iban violines y clarinetes. En el silencio de la noche, el canto  del Salmo 50 o Miserere era vocalizado por Diego Manrique, Nicolás García y Juan Luque “el sacristán” y armonizado por el violín de José García y el clarinete de Juan Hueso “el de la Huerta”