APROXIMACIÓN A LA HISTORIA DE LAS ERAS EN LOPERA DURANTE EL SIGLO XX.

APROXIMACIÓN A LA HISTORIA DE LAS ERAS EN LOPERA DURANTE EL SIGLO XX.

Desde hace tiempo, mi inquietud por la recuperación de la historia de las eras, un espacio desaparecido en nuestro pueblo y en muchos más, me hizo indagar en las mismas, para intentar recuperar todos los trabajos que se hacían en ellas, así como su ubicación en el término municipal de Lopera. Para ello tuve la suerte de tener un gran colaborador, el inquieto y amante de la historia y las costumbres de nuestro pueblo Paco Cobo Jiménez, que junto a otros loperanos (Manuel Morales Alcalá, Benito Valenzuela Palomo, Antonio Peña de Torres, Manuel Cerezo Sánchez) y la plasmación gráfica de Marcos Corpas Ruiz, se ha podido recuperar en cierta medida la ubicación de estos espacios, que formaron parte de la vida de muchas generaciones de loperanos y que a partir de los años 70 del siglo XX fueron desapareciendo a excepción de la era que todavía existe en pie,  la de D. José Mª Orti Meléndez-Valdés conocida como la “Era Barajas”. También habría que recordar como las penúltimas, la que había donde hoy se encuentra el taller de los Hermanos Rueda, la cual era de Dª Carmen Rodríguez “la Notaria”, y la de Francisco Bellido Verdejo, ubicada en el camino de Santa Quiteria, las cuales también estaban empedradas.

Hoy con el paso del tiempo y debido a la mecanización del campo, han dado al traste con los trabajos agrícolas en torno a la era, pues con la llegada de tractores, máquinas segadoras, trilladoras, cosechadoras y la presencia del omnipresente olivar en detrimento de las tierras calmas, ha traído consigo que poco a poco se reduzca la importancia de los cereales y las leguminosas en la agricultura  loperana  y que la trilla pase a ser una tarea residual hasta llegar a su desaparición. Con ello, el espacio que le daba soporte, las eras, también se ha ido perdiendo con el paso del tiempo.

Para el transporte de las mieses a las eras se utilizaban bestias, las cuales llevaban unas narrias que se componían de 8 palos, 4 eran fijos a cada lado sobre el aparejo del animal y 4 abatibles, los cuales se plegaban si el animal iba descargado y se abrían cuando se empezaba la carga. En la era se formaban varios montones de mieses de cada propietario, descargándolos con la horca (palo que termina en dos puntas con el cual los labradores hacinan las mieses, levantan la paja y revuelven la parva) unos al lado de otros bien diferenciados. La trilla podía adelantarse hasta mayo, pero normalmente era en junio (comenzando por las habas), julio y agosto. La paja de los garbanzos se utilizaba para alimentar a ovejas, cabras, vacas y conejos.

El trillo era tirado por dos o tres bestias siempre en el mismo sentido, contrario a las agujas del reloj, entonces el erero comienza a arrimar haces haciendo la parva (círculo de mies en el cual antes de comenzar la trilla, le daban un pisoteo con las bestias para aplastar la parva y posteriormente enganchaba el trillo). La parva ya trillada se asnillaba haciendo un pez en el centro de la era. A continuación comenzaban las tareas de aventar para extraer el grano y para ello se utilizaba las bieldas de aventar. Se lanzaba al viento lo recogido para ir separando el grano de la paja. Para ello tenía que hacer viento, siendo el mejor el  de poniente.

Una vez el pez aventado, quedaba el grano casi limpio y se pasaba por las cribas para quitarles las granzas. El trillo que se conocía en Lopera era el de rulo metálico, el cual estaba compuesto por un tablero de forma cuadrangular, cuyas medidas podían llegar a 1,50 de largo por 1,20 de ancho, donde iba colocado el enganche, con un asiento para el trillero; debajo del tablero va el armazón de ruedas dentadas metálicas, el trillo tenía la parte delantera curvada hacia arriba con el objeto de que no se amontonara la mies y un gancho que después de volver dos o tres veces la parva con las orcas, se echaba el gancho para darle otras vueltas y terminar de trillar.  La faena duraba hasta después del anochecer, con un descanso de dos horas, para comer y echar la siesta.  Para limpiar la era de la parva ya trillada, antes de extender otra, se barría con un escobón.

Una vez el grano limpio se envasaba  en costales de tela y se transportaba  en  bestias a la casa de cada dueño, el cual tenía ya dispuesto un granero para almacenar el grano.  Aunque hoy por hoy parece imposible que volvamos a ver trillar en ellas, sí que sería necesario que físicamente no desaparecieran, que hubiera alguna iniciativa para su recuperación, buscándole un uso compatible con su conservación. En los cortijos con la paja de garbanzos y habas se mezclaban y hacían un almiar y durante todo el verano hacían una pava para cocinar. La pava era una mezcla de paja de garbanzos y habas muy prensada. A la misma se le prendía fuego(ardía muy lentamente y solía durar todo el día) a las 8 de la mañana para cocinar el cocido, también los huevos y patatas. El cocido para el consumo del mediodía y el resto para picadillo de la cena.

 

José Luis Pantoja Vallejo

Francisco Cobo Jiménez

Marcos Corpas Ruiz